Progresividad de los derechos

La garantía de los DDHH conforme al principio de progresividad, implica necesariamente que la interpretación de sus normas reguladoras debe realizarse de la manera más favorable al ejercicio y goce de los derechos. El principio de que los DDHH deben alcanzarse progresivamente determina que los poderes públicos tienen la obligación inmediata de asegurar las condiciones que permiten gradual y constantemente la plena realización de estos derechos.

Los DDHH son facultades o prerrogativas que tiene cualquier ser humano en razón de su condición humana y, por tanto lo mismo, son inseparables de su ser. Obligan a título de deberes correlativos a los demás seres humanos, en lo individual o en lo colectivo, y a los poderes públicos como sus garantes y en tanto que expresión de la organización política de la sociedad.

Lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos reconocidos, incorpora una obligación inmediata de respetar y garantizar todos los derechos pertinentes y requiere un dispositivo de flexibilidad necesaria que refleje las realidades del mundo real, y las dificultades que implican para cada país el asegurar la plena efectividad de los derechos.

Este principio de progresividad se integra con el principio de primacía de disposición más favorable a la persona humana o cláusula de individuo más favorecido. Un complemento del principio de progresividad es la irreversibilidad: la imposibilidad de que se reduzca la protección ya acordada, como consecuencia del criterio de conservación del sistema más favorable.