Políticas contra la contaminación

Los economistas argumentan, que un sistema flexible, que aprovechase las ventajas del mercado, reduciría la contaminación en mayor medida con menos costes.

2.1.Estándares medioambientales

En el mundo moderno, los costes externos más importantes son seguramente los que derivan de las acciones que perjudican el medio ambiente, contaminación del aire, del agua, destrucción de espacios naturales.

Los principales instrumentos de la políticas públicas son los estándares medioambientales, reglas que protegen el medio ambiente especificando lo que los consumidores y los productores pueden y no pueden hacer.

Los estándares medioambientales empezaron a utilizarse de manera generalizada en las décadas de 1960 y 1970, y tuvieron un éxito considerable en la reducción de la contaminación,

A pesar de estos éxitos, los economistas creen que, cuando los reguladores pueden controlar directamente los niveles de emisiones, hay maneras más eficientes de luchar contra la contaminación que los estándares medioambientales. Utilizando métodos del análisis económico, la sociedad puede conseguir un aire más limpio con un coste menor.

¿Cómo puede sugerir la teoría económica que se debería controlar directamente la contaminación? De hecho hay dos aproximaciones: los impuestos y los derechos negociables.

2.2.Impuestos sobre las emisiones

Una manera de controlar directamente la contaminación es cobrar a los contaminantes un impuesto sobre las emisiones. Estos impuestos dependen de la cantidad de contaminación que produce una empresa.

Estos impuestos son un modo eficiente, garantiza que el beneficio marginal de contaminar sea el mismo para todas las fuentes de contaminación, y un estándar medioambiental no.

Si no hay intervención pública, sabemos que los contaminadores aumentarán la contaminación hasta que el beneficio marginal social de una unidad adicional de emisiones sea igual acero. Recordemos que el beneficio marginal social de la contaminación es el ahorro de costes, en el margen, que experimentan los contaminadores por una unidad más de contaminación. Por tanto, sin intervención pública, cada fábrica contaminará hasta que su propio beneficio marginal de contaminar sea igual a cero.

La manera eficiente de conseguir la reducción de las emisiones es asegurarse de que el resultado global de la industria, el beneficio marginal es el mismo para todas las fábricas.

El término impuesto sobre las emisiones puede dar la impresión errónea de que estos impuestos solo resuelven un tipo de coste externo, la contaminación. En realidad, se puede utilizar para desincentivar cualquier actividad que genere externalidades negativas, como conducir en horas punta o abrir un bar ruidoso en una zona residencial. En general los impuestos diseñados para reducir los costes externos se conocen con el nombre de Impuestos pigouvianos en homenaje a A. C. Pigou.

¿Plantean problemas los impuestos sobre las emisiones? La principal dificultad escriba en que, en la práctica, los encargados de imponerlos generalmente no están seguros de cuál debe ser su cuantía.

2.3.Permisos de emisión negociables

Los permisos de emisión negociables son licencias para emitir determinadas cantidades de contaminación, que pueden ser comprados y vendidos por los contaminadores. Normalmente se distribuyen entre las empresas contaminantes mediante alguna fórmula que refleje su historia. El punto más importante, es que esos impuestos son negociables.

Los derechos de emisión negociable tienen, respecto a los estándares medioambientales, la misma ventaja de minimización de costes que los impuestos sobre emisiones: ambos sistemas garantizan que los que pueden reducir sus emisiones con menor coste serán los que las reduzcan.

Los impuestos sobre las emisiones y los permisos negociables hacen algo más que inducir a las industrias contaminantes a reducir su producción. A diferencia de los rígidos estándares medioambientales, los impuestos sobre emisiones y los permisos negociables generan incentivos para crear y utilizar tecnologías menos contaminantes.

El principal problema con los permisos de emisión negociables es el reverso de la moneda del problema con los impuestos sobre emisiones: puesto que es difícil determinar la cantidad óptima de contaminación, el gobierno se puede encontrar con que está emitiendo demasiados permisos o con que están emitiendo demasiados pocos, es decir, reducen demasiado la contaminación.