Cómo hace la Constitución el sistema de fuentes

Como ha afirmado Pérez Royo, la Constitución española de 1978 ha optado por mantener un riguroso clasicismo en el reconocimiento de la ley y el reglamento, y sus relaciones, como fuentes tradicionales del Derecho, su nueva conceptualización, y el hecho de haberse rodeado de un sistema de garantía constitucional ha puesto el diseño de un sistema realmente novedoso de fuentes del Derecho, que a la vez que somete a la ley al texto constitucional, fruto de la sustitución de la soberanía parlamentaria por la soberanía popular, se manifiesta, también, de la siguiente forma:

  • La incorporación al sistema normativo de una nueva categoría de leyes, las leyes orgánicas que serán precisas más adelante (art. 81).
  • El reconocimiento constitucional de la posibilidad de que el Estado celebre Tratados Internacionales que formarán parte del ordenamiento jurídico tras su completa publicación en el BOE (art. 96.1).
  • Otorgando al Ejecutivo la posibilidad de dictar normas en supuestos excepcionales, o previa autorización parlamentaria.
  • Diseñando una nueva organización territorial del Estado regulada en el Título VIII, que desarrolla el derecho a la autonomía reconocido en el art. 2 y cuya incidencia en el sistema de fuentes va a ser decisiva.

De esta forma, el centro de gravedad del sistema de fuentes instaurado por nuestra Constitución se dirige a articular los diferentes centros de producción normativa que confluyen en un mismo OJ, puesto que el Derecho internacional, el Derecho estatal y el Derecho autonómico constituyen grandes núcleos de producción normativa, cuya armonización se hace necesaria.